Viajar trabajando. Parte I

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¿Te gustaría viajar de forma más económica, pagando alojamiento y comida con unas horas de trabajo al día? ¿Te has cansado de las ofertas de viajes empaquetados en los que no conoces realmente el país al que viajas ni haces verdadero intercambio cultural con su gente? ¿Quieres perfeccionar tus conocimientos sobre algún idioma? ¿Te apetece hacer algo diferente, lejos de la ciudad, en un entorno natural, sin tener experiencia previa? ¿Te motivaría compartir unos días con una familia desconocida dispuesta a enseñarte su medio de vida y proyecto vital?
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Existen muchas opciones que dan respuesta afirmativa a todas estas preguntas. Cada cual tiene su red de usuarios, anfitriones y voluntariado, que intercambian durante unos días o semanas trabajo por manutención + alojamiento, normalmente en zonas rurales, con filosofías de ecología y sostenibilidad. Wwoof, WorkAway, HelpX, I-to-I, son las más extendidas.

El siguiente post contiene un resumen actual de sus principales características y algunas reflexiones y consejos que he reunido desde mis experiencias y las otras personas con las que me he ido cruzando en ellas.

Son muchas las cosas que estas iniciativas de voluntariado integrado en tu viaje tienen en común en cuanto a su filosofía:

  • Hacer vida insertado en una comunidad, ya sea grande o muy pequeña. Conceden un alto valor al intercambio cultural, incluyendo el idioma, y al personal, ya que el alojamiento tiene lugar en el seno de una familia.
  • Los gastos de manutención (alojamiento y comida) están incluidos a cambio de cierta cantidad de trabajo. El aspecto económico es un de los mayores atractivos de esta forma de viajar durante tus vacaciones o tal vez mientras sigues en paro.
  • Se posibilita aprendizaje y experiencia en tareas agrícolas, con animales, en construcción o bioconstrucción, jardinería, conservas, plantas aromáticas y medicinales, proyectos artísticos y un sinfín de áreas, normalmente relacionadas con formas alternativas de vida, no consumistas, ecológicas y sostenibles. Aunque esto no siempre sea necesariamente así.
  • Existe una posibilidad de consenso y comunicación con respecto al trabajo mayor que en una empresa, ya que las relaciones se basan desde el principio en una red de confianza, tanto desde el lado de la familia anfitriona como del huésped.
  • Se suele pedir una media de trabajo semanal variable entre 20 y 30 horas, dependiendo de las distintas redes y de cada familia. Además, es frecuente que se espere cierta colaboración en tareas domésticas.
  • Normalmente se exige un mínimo de edad de 18 años.
  • La estancia mínima recomendada suele ser de una semana, pero no es obligatorio. La máxima depende de las tareas requeridas y de las particularidades de cada anfitrión.

El grado de atención en el alojamiento y manutención es muy variable: hay quienes siempre te cocinan y te ofrecen una habitación estupenda y quienes te podrán pedir que vayas con tu caravana o tienda de campaña y esperarán que tú te cocines tu plato. Incluso tal vez podrás disfrutar de algunos de los servicios que ofrezcan en sus negocios o iniciativas, como clases de yoga, montar a caballo, descenso de un río en kayak… Seguramente, si la conexión con ellos es buena y hay buen ambiente, más dispuestos estarán a ofrecerte este tipo de comodidades.

El aspecto económico es un de los mayores atractivos de esta forma de viajar, aunque también facilita aprendizaje y experiencias muy útiles

Cada página suele mostrar testimonios de personas que han vivido estas experiencias pero no todas un sistema de valoraciones y opiniones, lo que sería muy de agradecer, además de eliminar naturalmente a aquellas familias anfitrionas que puedan aprovecharse del trabajo voluntario. Esto se puede hacer también a través del contacto con la organización. En cualquier caso, un sistema de este tipo, bien integrado con las redes sociales aumentaría la confianza y la expansión de estas iniciativas de intercambio.

Y quién sabe, es posible que surjan inspiraciones o motivaciones personales a partir de las ideas y proyectos vitales que vamos conociendo tras visitar varios lugares. Ver cómo una familia se ha construido su casa, trabaja su huerto, se organiza para acoger a huéspedes, realiza cursos de formación, etc., nos puede servir de aprendizaje vicario para reproducir en un futuro dichos proyectos a nuestra manera.

Las iniciativas más conocidas

wwoof (worldwide opportunities on organic farms)

En su creación, las familias anfitrionas trabajaban exclusivamente en granjas dedicadas a la ganadería o cultivo ecológico, biodinámicas o a la permacultura en general, aunque ahora se ha abierto un poco el tipo de oferta. En general, las experiencias se suelen centrar el el trabajo ecológico con animales y plantas, así como con el entorno.

web wwoofLa organización no está centralizada, cada país tiene la suya. Luego cada familia tiene sus particularidades, por lo que las tareas y ofertas pueden diversificarse más de lo que se expresa desde la base de datos.

Es necesario registrarse en un determinado país para obtener los listados de sus anfitriones. El precio aproximado (varía según el país) del registro para tener acceso al listado electrónico durante un año y a sus actualizaciones es: por una persona 20€, y para dos personas 25€. Impreso es un poco más caro.

El tiempo de trabajo suele ser de 5 horas diarias, 5 o 6 días a la semana, dependiendo del país.

WorkAway

workaway

Ofrece trabajos muy diversos, incluyendo los de agrigcultura y ganadería ecológica, aunque también se requiere cuidado de niños, ayuda comunitaria, educación, idiomas, diseño…

Es necesario registrarse y pagar la cuota para obtener los datos de contacto, aunque se puede acceder a la base de datos mundial de anfitriones previamente. La cuota es de 22€ por dos años.

Tiempo de trabajo: 5 horas diarias, 5 días a la semana. Negociable según cada anfitrión.

Merece la pena mencionar que la web ofrece la posibilidad de hacer comentarios y valoraciones de las experiencias.

helpxHelpx

El alojamiento puede ser en granjas, ranchos, bed-and-breakfast, albergues, casas, barcos… Y los trabajos son tan diversos como en WorkAway.

Es necesario registrarse para ponerse en contacto con los anfitriones. El registro premium, con acceso a todos los datos de contacto, cuesta 20€ y dura dos años. Con el registro gratuito sólo los anfitriones pueden contactar contigo, siempre que les haya llamado la atención tu perfil personal. Sin el registro es posible acceder a una lista con información general sobre los lugares de hospedaje y su dedicación.

También resulta interesante la opción que ofrece para buscar compañeros con los que viajar.

 

I-to-i

web i-to-iEn este caso hablamos de una compañía de viajes para tus vacaciones que apoya mediante voluntariado proyectos de desarrollo sostenible y locales en África, Asia, Australasia y Latinoamérica.

Se precisa tener buenos conocimientos de inglés. El nivel requerido se puede demostrar con el TEFL y también ofrecen formación para obtener este título.

Se paga una tarifa para el alojamiento, desplazamiento desde el aeropuerto, comida y otros. No incluyen el vuelo y las tarifas no son precisamente bajas, pero pueden mejorar las ofertas de las compañías de viajes normales y el enfoque y la filosofía son totalmente distintos.

Incluyo esta iniciativa un poco con calzador, ya que se desvía un poco de las anteriores tanto en el concepto como en el precio. El punto fuerte que incluye es que a cambio de pagar un poco más, haciendo lo mismo, podemos conseguir una certificación en habla inglesa.

Algunos consejos y observaciones sobre este tipo de experiencias

Cerca de la zona de confort

Si tienes tus dudas, o mejor dicho, ciertos temores sobre probar estas cosas, siempre puedes empezar cerca. Existen numerosas familias en España que ya están en estas redes. Y es probable que alguna haga algo sobre lo que sientes un poco de curiosidad. Como el coste del desplazamiento es tan reducido y no tienes obligación de quedarte mucho tiempo, si no te gusta puedes volver a casa. O probar en otro sitio…

La comunicación: antes, durante y después

Cuando estés buscando familias con las que convivir, será mucho mejor si puedes llamarlos por teléfono para contactar que enviar e-mails. Muchas veces tardarán en contestar los correos, ya que en algunos lugares no tendrán acceso fácil a una conexión a Internet. Otras, no mirarán muy a menudo su cuenta y a veces recibirán tantas peticiones por correo que les resultará más cómodo acoger a las personas que llaman.

Una vez establecido el contacto, cuanto más a fondo conozcan tu situación en cuanto a tiempo disponible, si tienes medio de transporte o caravana, tus habilidades y conocimientos previos y preferencias personales en cuanto a alimentación, convivencia con animales, etc. tanto mejor.

Y, si no te sientes capaz de comunicarte en japonés, no vayas a Japón. Bueno, el inglés es un comodín extendido, pero creo que sabes a lo que me refiero.

Para mí es importante conocer un idioma que se hable allá donde vayas. Poder comunicarte con un mínimo de fluidez te permitirá hablar cómodamente de tus expectativas, de las cosas con las que te sientes bien y con las que no. Si bien hay personas que tienen más desparpajo y logran comunicarse sin grandes conocimientos.

Recuerda que no vas únicamente a comer y dormir y que existe una relación en la que se espera de ti que cumplas ciertas tareas. Si no puedes entender las explicaciones o exponer tus límites, la frustración por ambas partes irá creciendo hasta que se haga imperativo detener la experiencia. Esto generará innecesarios sentimientos negativos proyectados contra una iniciativa que podría haber enriquecido tanto al anfitrión como al huésped.

Y no se trata sólo del idioma. Saber decir no, expresarte asertivamente si te sientes mal con algo en una relación de cualquier tipo, pedir algo que crees justo para ti, valorar los esfuerzos de la otra parte y apreciar su generosidad… Todo ello contribuirá a que la convivencia resulte, cuando menos, más honesta. Y de esta forma, más real y satisfactoria.

Para empezar, es buena idea hablar de las dinámicas de trabajo y actividades que se lleven a cabo en tu destino elegido antes de ir, así como del tiempo de trabajo semanal que se espera de ti. Al llegar, podrás concretar un poco más sobre las tareas del día a día, horarios, cómo hacer la colada…

En cuanto al tiempo de trabajo, ocurre a menudo que algunos anfitriones pueden esperar más horas de trabajo semanales que las sugeridas en cada web (entre 20 y 30). Pero finalmente, el esfuerzo y dedicación de tiempo de la persona voluntaria dependerá de la honestidad en esta comunicación previa en cuanto a expectativas y a saber poner límites propios. Y es que en cada sitio, ante la pregunta ¿puedo hacer algo más para ayudarte? siempre habrá una lista de tareas lo suficientemente larga como para que te asignen alguna. Ten en cuenta que en muchos de esos sitios, sus jornadas de trabajo pueden superar las 10 horas diarias. Si al terminar sus horas, su huésped les ofrece la posibilidad de aliviarles un poco la carga, es probable que tomen esas palabras como lo que son. Por lo que no te enfurruñes si las decías sólo como gesto de amabilidad y haces tiempo extra sin que realmente te apetezca. Si quieres descansar, habla con sinceridad y claridad.

Y mantener el contacto cuando ya nos hemos ido… bueno, a algunas personas les cuesta menos que a otras, pero con frecuencia esta comunicación se acaba distanciando. Con el tiempo, he entendido que todos esperamos que cuando se crea un vínculo de amistad con otra persona, ésta se acuerde de nosotros a pesar de no vernos en un tiempo, y lo demuestre con algún mensaje o gesto.

Añado esto porque a mí me cogió por sorpresa las primeras veces y creo que es bueno ser consciente de las expectativas de crear nuevos vínculos y mantenerlos, tanto por nuestra parte como por la de nuestros anfitriones u otros viajeros.

Optimizar tu viaje

Igual que cualquier otro viaje, hay varias cosas a tener en cuenta antes de decidir la fecha o el lugar. En este caso, no sólo importa la época del año para el viaje a causa del precio de los billetes o la cantidad de tráfico en carretera.

Como es posible que parte o todas las tareas de las que nos ocuparemos dependan de la climatología y estación, no habrá la misma cantidad de trabajo o incluso posibilidad de alojamiento en invierno que en verano. No se os ocurra, como a mí, ir al sureste asiático en plena época de monzones.

Y ya que podemos elegir entre tantas opciones y países, con listas de anfitriones tan largas, ¿por qué no elegir algo que realmente te entusiasme o dé mucha curiosidad?

A veces, se puede caer en ir al primer sitio en el que estén disponibles para tus fechas. Si el trabajo es duro allí, aunque sean pocas horas, o no hay enganche con la gente, te cansarás rápidamente. Puedes ir y probar, pero creo que merece la pena dar con algún sitio por el que sientas cierta atracción.

La experiencia laboral y el aprendizaje

Uno de los objetivos claros de estas iniciativas es el intercambio de conocimientos. Lo más normal es que sea el huésped el que aprende cosas nuevas. Suele tener menos experiencia que los anfitriones y de hecho ese es uno de los motivos más comunes de búsqueda y elección del lugar al que ir. También puede ser que haya aprendido en otros sitios similares tantas cosas que pueda compartir otras formas de trabajar, por ejemplo, el huerto. La apertura de cada parte será la que deje hueco para este intercambio mutuo.

Si bien puede ocurrirte que a pesar de saber hacer perfectamente algo que te soliciten, desconectes tu cerebro al colocarte en una posición de respuesta a la autoridad. No soy el único al que le ha pasado que por el hecho de que es la casa de otra persona y que le concedo una posición de autoridad, ante tareas que sé hacer muy bien, he cometido errores tontos por no pensar, esperando instrucciones claras que podría haber imaginado. Hago mención rápida de ésto porque es un tema extenso que desarrollo más en asignar un líder y seguirlo a ciegas (sobre la autoridad).

Y aquí llegamos a un punto clave: ¿ser voluntario en estas iniciativas es equivalente a ser un trabajador gratuito? Es muy difícil responder a esto. Diferentes personas tendrán opuestas sensaciones con una misma familia. Lo que ocurre es que el trato que ésta ofrezca y su honestidad en cuanto a saber qué supone esta experiencia para los huéspedes marcará mucho dichas sensaciones. Una persona anfitriona que ha probado a viajar como voluntaria empatizará más con las posibles vivencias negativas y será mucho más comprensiva. Y algunas trabajarán mano a mano contigo, creando una sensación de horizontalidad y de cercanía que a mí me resulta muy de agradecer.

Uno de los objetivos claros de estas iniciativas es el intercambio de conocimientos

La diferencia clave entre este tipo de voluntariado y un trabajo es que aquí el compromiso deja de lado el dinero y es más flexible que en un contrato laboral, dependiendo de la confianza y la comunicación. Se espera que la relación sea más cercana de lo que es, a día de hoy, la típica entre jefe y empleado. Por eso, según la persona, esto se percibirá distinto. Eso sí, la flexibilidad del compromiso no debería estirarse tanto que una de las partes se resienta. Si eso ocurre, basta con parar la experiencia y volver a casa (o pedirle al huésped que abandone).

Por otro lado, el voluntariado suele ser, como decía, inexperto. Cuidado cuando supongan que sabes hacer una tarea que para ellos sencilla. Es mejor preguntar mucho que comenzar a hacer cosas mal o incluso dañar alguna herramienta, ¡o dañarte tú!

Y tener iniciativa será bien recibido, pero de nuevo, agradecerán más que preguntes antes de construir esa valla que te parecía que podía quedar tan bien.

En todo caso, si te equivocas, deberías ser la primera persona en no tratarte duramente. Es normal equivocarse cuando no sabes hacer algo, o cuando tienes un mal día, o cuando eres… humano. Si tú no te tratas duramente, tienes medio camino hecho para que otras personas tampoco lo hagan. Y si no paras de equivocarte, comienza a cuestionar si de verdad quieres estar en el lugar en el que estás, haciendo lo que haces.

Por último, necesitarás algo de paciencia. Es raro que desde el principio te pidan cosas complicadas. Esperarán a tener más confianza con tu forma de trabajar y preferirán no agobiarte o tener que explicar mucho. Ten en cuenta la gente que ha podido pasar antes por allí. A no ser que sean maestros de vocación, explicar las cosas mil veces no suele agradar. Lo que sí que te puedo asegurar es que valorarán ciertas habilidades y conocimientos en un gran porcentaje de los sitios, tales como jardinería, carpintería, construcción, fontanería, mecánica o electricidad. En las redes en las que creas perfil personal, esta información será un valor añadido. En las que no exista esta opción siempre puedes explicarlo en esa primera llamada o correo.

Y hay ciertas tareas de campo que te parecerán fáciles, repetitivas y algo cansadas. Pero con ellas… ¿cómo decirlo?… te ahorrarás gimnasio y sesiones de rayos UVA.

Relaciones sociales

De nuevo, variedad. Puedes buscar sitios con familias más o menos extensas, en los que acojan a la vez a otras personas o sólo a ti. ¿Qué es lo que buscas?

De una u otra forma, compartirás espacio vital con otra gente. Puede ser todo un aprendizaje si nunca has compartido casa. Y más aún porque probablemente este encuentro será intergeneracional, como la mayoría hemos vivido en nuestra infancia. También puede resultarte una buena situación de profundización en tu propio conocimiento. ¿Tienes una máscara o rol social definidos al entrar en un nuevo grupo? ¿Qué situaciones te son familiares y cuáles no? ¿Te resultan cómodas o preferirías cambiar tus reacciones?

Tal vez prefieras aparcar estas cuestiones, pero algo importante a tener en cuenta es que perderás la intimidad que hayas podido ganar si vives solo/a o incluso con pareja. Tanto si duermes en una caravana como en alguna habitación de la casa, compartirás espacios comunes y momentos de vida familiar, todo ello salpicado por la cultura y los hábitos de tus anfitriones.

Esto puede ponerte en situaciones emocionales complicadas que no nos suelen salpicar en la calle, tratando con desconocidos, pero que aquí pueden presentar a veces ambientes incómodos. Y la cosa no necesariamente tiene por qué ir contigo, sino que pueden ser aspectos internos de las otras personas o incluso proyecciones que ellas hagan sobre ti por sus propios problemas no resueltos.

Será saludable mental y emocionalmente saber gestionar y separar lo que tenga que ver contigo y lo que no, y ser consciente de tus propias proyecciones o trabajo pendiente.

Y si vas en pareja o en familia, comienza la multiplicación. Puedes verlo como una dificultad o como una gran posibilidad de conocimiento y enriquecimiento. La elección es tuya.

Ser anfitrión

Todo este artículo está escrito desde la óptica del huésped. Pero estas experiencias tienen su valor desde ambos lados, ya que existe entre ellos una convivencia compartida y, como ya he dicho, intercambio. Las tarifas para las familias anfitrionas suben ligeramente, pero puedes imaginarte lo que te aportará recibir gente en tu casa para ayudarte con el proyecto que siempre quisiste iniciar y que continuas dejando de lado porque te falta tiempo. Tan sólo necesitas alguna habitación libre, un poco de espacio para caravanas o tiendas de campaña y alimento para unas manos que estarán encantadas de compartir unos días contigo. Bueno, y ganas de socializar parte de tu vida privada.

Puedes recibir gente sólo por una temporada, para algo concreto, o tal vez prolongarlo en el tiempo y ver cómo te organizas. No olvides al asumir este rol que aunque gran parte del voluntariado será inexperto, habrá otros con los que el intercambio puede resultar realmente valioso. Toda una nueva aventura.

En definitiva, un interesante concepto económico no sólo para tus vacaciones, sino también para alejarte unos días de rutinas de ciudad, a veces estresantes, o simplemente para cambiar de aires, para ampliar conocimientos y experiencia sobre aquello que te llame la atención, perfeccionar algún idioma, conocer gente, intercambiar habilidades, pasiones, aficiones, conversaciones…
Y un concepto del que cada día descubro nuevas profundidades. Me detengo aquí para que cada cual pueda experimentarlo en su propia piel y compartir sus puntos de vista en esta entrada, como siempre digo, desbordante de mi subjetividad. Espero que a pesar de ello os pueda resultar útil e interesante.
Como nota final, existen otras iniciativas para facilitar alojamiento totalmente gratuito en un caso y en el otro a veces remunerado a cambio de cierto trabajo. Como no encajan con las citadas en esta entrada, por no alargarla más, las describiré más adelante.
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Un comentario sobre “Viajar trabajando. Parte I

    senosvalavida escribió:
    19 febrero, 2014 en 11:22

    Estas indicaciones son totalmente imprescindibles para los tiempos que nos está tocando vivir. Gracias por compartirlas.

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