¿Qué nos pasa a los hombres?

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Nunca nos han enseñado a reconocer nuestras emociones, nos prohibieron expresarlas. Por otro lado, hemos vivido los primeros resultados del feminismo, en la universidad y el mercado laboral. Y esto ha aumentado la competitividad de este sistema basado tristemente en destacar por encima de los demás. Ya no ostentamos el poder de proveer, nuestro histórico pilar base de masculinidad. Nos cuentan que somos diferentes genéticamente a las mujeres y que en nuestra historia hemos desarrollado costumbres y capacidades físicas distintas. También nos hablan de que tenemos unos instintos animales que no se pueden superar, sino aplacar y redirigir. Y en lugar de cambiar la forma en que miramos a las mujeres (como objetos de nuestro deseo), en esta pseudo-evolución social, ahora las mujeres nos miran de la misma forma a nosotros. No conseguimos identificarnos como personas sin hablar de nuestra profesión y cuando no podemos demostrar grandes logros o ayudar a los demás sufrimos crisis de autoestima.
Y yo pienso: cuánto daño y cuánta oscuridad. ¡Quiero salir de este círculo! Probaré a perderme en un puñado de ideas sobre la masculinidad, a ver si me encuentro algún trocito de ella.

leonidas

Ser y hacer: obligatoria correspondencia

Los hombres hemos sido considerados en esta sociedad como la parte activa, los proveedores. No sólo en la pareja, sino también en el mundo científico, político, económico, artístico…

Por suerte, el movimiento feminista ha reclamado con cierto éxito que las mujeres pudieran compartir esta vasta actividad social. Apenas estamos empezando el cambio, pero ya se puede observar cómo el mercado laboral y la formación académica ha incorporado a las mujeres, que parecen haber entrado con fuerza. ¿De qué otra forma iban a entrar contra la opresión de tantos siglos? Lo que resulta penoso es que hayan sido tragadas junto a los hombres en la competición por destacar, por alcanzar los mayores logros. Al menos en el mundo académico parece ser que ya nos van superando en los baremos establecidos.

Pero a lo que iba, ser persona hoy en día implica tener clara tu profesión. La mayoría de la gente se presenta diciendo a qué se dedica. La fatídica pregunta ¿qué quieres ser de mayor? lleva implícita la afirmación de que somos lo que hacemos.

¿Y qué ocurre cuando no tienes nada que hacer? ¿O cuando decides cambiar de profesión, de trayectoria? ¿O cuando lo que más te gusta hacer no es tu oficio principal sino, por ejemplo, algo que haces en tus ratos libres? Vaya conflicto de identidad.

Los hombres hemos sido considerados en esta sociedad como la parte activa, los proveedores

Y aún más. No sólo se espera de nosotros que seamos algo en nuestra vida. También tenemos que hacerlo bien.

Nuestra seguridad personal pende del delicado hilo del reconocimiento de otros, de la valoración paterna positiva obtenida al cumplir con las expectativas familiares, sociales o culturales. Esperamos siempre esa palmadita en la espalda para sentirnos satisfechos.

También debemos ser una buena pareja sexual, nos dicen, expertos amantes, fuertes e invulnerables emocionalmente, fuente de conocimiento, solucionadores de problemas, sacrificados y atentos esposos, tiburones laborales, inteligentes, rápidos y voraces.

Demasiados debemos y muy pocos podemos.

Esperamos siempre esa palmadita en la espalda para sentirnos satisfechos

Como resultado de los cambios sociales, el hombre de hoy en día se encuentra nadando a la deriva en un mar de obligaciones históricas que ya no puede cumplir: la mujer no necesita ser mantenida; el mundo laboral es demasiado dinámico como para desarrollar únicamente y especializarse en un único oficio y de todas formas, siempre hay un pez más grande que tú; la formación académica no es suficiente, por muchos conocimientos que acumules; no es posible ser un buen amante sin integrar lo emocional…

En resumen, las piezas con las que hasta hace poco construíamos nuestra personalidad y autoestima están desgastadas y obsoletas. Menos mal, porque no me convencían nada todos esos objetivos para ser masculino.

Entonces, ¿dónde está nuestra seguridad en nosotros mismos?

Un rol naturalmente asumido desde hace mucho tiempo, pero ahora más que nunca, es el del hombre preocupado por los demás, protector, identificado con la causa. El antiguo guerrero encuentra hoy en día en los movimientos sociales y en la política en general, cuando no en la economía y los negocios o incluso en el arte (incluyo la escritura), su forma de paliar la carencia explicada anteriormente.

Pero al lanzarse desesperadamente en busca de la aprobación y el afecto que puede obtener como abanderado de variadas causas justas, cae en la misma trampa, al perpetuar la construcción de la autoestima con piezas que dependen de lo exterior.

Un rol naturalmente asumido es el del hombre preocupado por los demás, identificado con la causa

Y lo que es más, este salvador coloca al resto de la gente en un nivel inferior. Los demás le necesitan, para ser felices, para sobrevivir, para mejorar sus vidas, etc. Poder probar esto dando todo lo que puede, luchando por los ideales que él mismo ha elegido, le ayuda a sentirse realizado. También exige de los demás que acepten el trono de cartón que ha construido para no parecer tan pequeñito, inseguro y afectado por el mundo como los demás.

En fin, que parece que la seguridad en nosotros mismos está ausente y parece que no tenemos herramientas adecuadas para conseguirla. ¿Cómo lo hacéis las mujeres? Me parece que también estáis en una búsqueda paralela. Por lo que partiendo de un punto distinto, todas las personas podemos encontramos en un cruce de caminos marcado por la dificultad de tener un buen nivel de autoestima. Y es aquí donde debemos cuestionar y desechar lo que hacíamos hasta ahora, compartiendo lo que sí que nos funciona y probando nuevas formas.

hombre de acero

El hombre cazador

¿De verdad estamos hechos para esparcir nuestra semilla?

La ciencia va cambiando su discurso y teorías a lo largo de la historia, por lo que aunque no siempre ha sido así, ahora mantengo lo que creo que es un sano escepticismo con respecto a todo lo que se dice haber sido comprobado científicamente.

Cada día se pueden leer innovadoras teorías en libros poco difundidos por los medios convencionales, en alguna revista especializada y sobre todo, en Internet Pero la comunidad científica ha demostrado ser realmente cerrada con toda teoría que supone cambiar todo el paradigma, sobre todo cuando hay que reformular las viejas teorías. O cuando las nuevas, aunque tengan sólidas bases y pruebas, no expliquen todo el conjunto al completo. O cuando no conviene a quienes mueven el dinero por el mundo.

Por eso, siendo que me he creído toda mi vida la afirmación de que hombres y mujeres tenemos una tendencia de comportamiento sexual y relacional distinta, empiezo a creer que influye con mucha más fuerza el factor sociocultural. De hecho, el concepto de masculinidad se explica en base a dicho factor (ver enlaces al final).

Es decir, que se nos ha enseñado por separado, directa e indirectamente, cómo pensar, actuar, excitarnos… y cómo buscar pareja y relacionarnos con ella. Este aprendizaje cierra un círculo de comportamiento diferenciado para ambos sexos al incidir con fuerza en la forma de pensar.

En cuanto al comportamiento sexual y relacional creo que influye con mucha más fuerza el factor sociocultural

Y es que a día de hoy, somos seres casi exclusivamente racionales o también se podría decir mentales. El plano emocional queda arrinconado, sobre todo para los hombres. De manera que lo único que podría sacarnos de esa espiral sería atender las emociones y muchos de nosotros no sabemos ni cómo identificarlas.

El radar y el erotismo visual

Por el momento, una de las cosas que he podido observar en mí y en otros hombres es que llevamos incorporado una especie de radar para buscar posibles parejas sexuales (ya sean mujeres u otros hombres, según gustos). Y aventuro a decir sexuales porque parece funcionar desde un principio mayormente centrado en el físico.

A veces se pasa meses desactivado y hay quien está en constante búsqueda. Cuando está activado, la atención sobre lo que estamos haciendo se desvía. Nuestros ojos recorren otro cuerpo, o parte de él. Es como una fijación, vacía por otro lado, mientras mantengamos tranquila la imaginación. Para mí no resulta difícil dejarlo en ese punto, pero sé que otros alimentan la situación sin ser plenamente conscientes con escenas cargadas de erotismo o simulando un flirteo.

Parecemos llevar incorporado una especie de radar para buscar posibles parejas sexuales

Tal vez esta búsqueda sea natural o tal vez no. Pero resulta incómodo darte cuenta de cómo tu atención se desvía incluso cuando ya tienes pareja. De cómo invades el espacio de otra persona con esa mirada cargada a veces de energía sexual. Y todo sin capacidad de control ni conocimiento de causa.

¿Por qué hay temporadas en las que parece más activo? Hasta done he podido discernir en mi mismo, lo relaciono con las épocas de inseguridad o de mayor dependencia de valoración exterior. Parece ser una búsqueda de reconocimiento como hombre, como ser sexual que puede responder a las necesidades de otras personas. Cuando en realidad el que presenta una necesidad soy yo y esta no tiene por qué ser sexual.

Es como si al sentirme inseguro surgieran nuevas necesidades y se activara esta búsqueda de otras personas. Si el objetivo es alguna mujer desconocida, la cosa se queda en comparar su cuerpo con un determinado ideal que hay en mi cabeza y en resultar difícil dejar de mirar las partes de su cuerpo que se corresponden con dicho ideal.

Si la persona es conocida, el problema puede agravarse, ya que entonces el punto de enganche se centra en carencias emocionales que la pareja no puede o no tiene por qué cubrir. También pueden atraer ciertas características que apelan a nuestros gustos o que nos gustaría tener nosotros. Es decir, que una potencial pareja puede comenzar a atraernos, por ejemplo, por el mero hecho de compartir nuestra afición por los videojuegos o por tener la chispa que a nosotros mismos nos gustaría tener.

Es como si al sentirme inseguro surgieran nuevas necesidades y se activara esta búsqueda de otras personas

Pero antes de entrar al tema de las atracciones añado una prueba para decir que todo esto puede ser un condicionamiento sociocultural: si bien hombres y mujeres podemos buscar a otros en momentos de inseguridad, antes las mujeres creo que no tenían o no hablaban de este radar. Ahora cada vez conozco más mujeres que se fijan de una forma parecida en otras personas. Si bien en su caso, el radar puede tener doble uso: buscar compañero o compañera sexual y compararse a sí mismas unas con otras en su obligada carrera por satisfacer a otras personas y cumplir con un imposible estereotipo de imagen.

De todo esto me viene una idea más y es que parece ser que nosotros somos mucho más visuales en nuestra erotización. Aprendido o natural, este comportamiento está presente en la mayoría de los hombres que conozco. En nuestros momentos masturbatorios a veces podemos ser muchos menos capaces que las mujeres de llegar a un orgasmo sin tener delante imágenes que ayuden a nuestra imaginación. Tal vez eso es lo que ha hecho que la industria del porno haya sido principalmente enfocada a los hombres. O la cultura patriarcal y machista. Dejo la cuestión a sociólogos y psicólogos.

Parece ser que los hombres somos mucho más visuales en nuestra erotización

Cómo hacer amistades sin mezclar las cosas

Este tema puede tener su controversia para aquellas personas que crean y elijan para sus relaciones el amor libre o la poliamoría, ya que para ellas la sexualidad no tiene por qué estar enfocada en sola persona ni es necesario tener una relación de pareja con ella.

Por el momento, para la mayoría de los mortales, que no sabemos cómo o no queremos dejar atrás el paradigma de la monogamia, es difícil a veces iniciar nuevas relaciones amistosas y no caer en ciertas atracciones o ilusiones que impliquen a la otra persona como potencial pareja.

Habrá quien diga que esto es cosa del instinto animal y que en el momento en que nos cruzamos con alguien del sexo que nos atrae, no podemos evitar formularnos la pregunta de si podría ser una pareja para nosotros, ya sea sexual o algo más.

A veces parece que conviene decir que nos parecemos mucho al resto de los animales y otras que estamos por encima de ellos y que no nos podemos comparar. Para mí, decir que es el instinto, en este tema y en tantos otros, me suena a excusa barata. Para empezar, tenemos la capacidad de elegir. Siempre. Nadie está privado de libertad realmente. Tan sólo podemos estar limitados en la cantidad de decisiones a tomar y en que algunas sean muy difíciles a tomar o incluso peligrosas (si te atracan por la calle puedes plantar cara o hacer lo que te piden, pero mantienes tu capacidad de decisión).

Así que por lo menos, cada vez que nos pasa, podemos tomar una decisión firme: si existe una atracción ante la que no queremos ceder, cerramos el caso y punto.

Es importante aumentar la consciencia (atención y presencia) sobre lo que sentimos y pensamos

¿Es tan fácil como tomar una decisión? Por el momento, yo lo he conseguido así. Lo que no quiere decir que haya tenido su complicación ni que haya sido rápido. Y cuesta mucho más cuando estás en una temporada de baja autoestima. Si alguien conoce una forma de hacerlo mejor o simplemente puede aportar más ideas respecto al tema, estaré encantado de recibirlas.

Pienso que, como mínimo, es importante aumentar la consciencia (atención y presencia) sobre lo que sentimos y pensamos. Con escuchar, hacerse preguntas y compartirlo con otras personas asentamos una buena base.

Y además de poder elegir, está en nuestra mano no potenciar esas imágenes o ideas sobre la otra persona como pareja. Si continuamos imaginando y dejamos que nuestra mente haga construcciones por ese camino, alimentaremos la atracción y esta crecerá.

Tal vez esto de parar una línea de pensamiento pueda parecer difícil para algunas personas. Sin embargo, tenemos mucha más capacidad de control de la mente de lo que creemos. Hay muchas teorías, prácticas y terapias que trabajan en esto. Basta, por ejemplo, con ocupar tu mente con otra tarea en el momento en que te empieces a imaginar con esa otra persona y tomar esto como costumbre. O aprender a dejar escapar las ideas hasta que tu cabeza se calme.

Todavía no puedo definir qué es ser hombre para mi. No encuentro realmente unas características de masculinidad que me diferencien de las mujeres sin conectar dichos rasgos con el componente sociocultural. Más allá de las diferencias puramente físicas, claro.
Me quedo con que la definición histórica de lo masculino me parece obsoleta y eso tiene un gran impacto en el sentimiento de realización vital de muchos hombres. Y de rebote, en la sociedad.
Estábamos acostumbrados a saber pelear y mantener a la familia desde nuestra iniciación en la etapa adulta. Y para ello aprendíamos a llevar una armadura y una máscara que ocultase nuestra piel emocional. Somos todos igual de sensibles que las mujeres, solo que no dejamos que eso se vea y a la larga, hemos olvidado nuestra verdadera cara, pensando que nuestra identidad es esa coraza.
Resulta interesante además, la idea de que ante la imposibilidad del acto de dar a luz, símbolo de creación ostentado por el otro sexo, nos hayamos sumergido en otro tipo de creaciones que no son sino una simulación de la anterior. Para mi no es coincidencia que siempre haya habido más hombres que mujeres en el mundo de la ciencia y el arte. Y sí, ya sé que vivimos en una sociedad patriarcal y que hoy en día esto está cambiando, pero no dejo de pensar que a pesar de todo, el sexo masculino parece necesitar volcarse más en éstos ámbitos creativos, o al menos, destacar más en ellos. De nuevo, el reconocimiento.
Vuelco todas estas reflexiones con la honesta esperanza de compartir mi camino de crecimiento como persona y no sólo como hombre. Creo que sacar todo esto a la luz puede servir para comprendernos mejor, nosotros mismos y entre ambos sexos.
Y lanzo la preguntas: Para ti, ¿qué es la masculinidad? ¿Y cuánta importancia tiene en tu propia definición como persona?
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7 comentarios sobre “¿Qué nos pasa a los hombres?

    Mamen escribió:
    23 noviembre, 2013 en 16:24

    Somos distintos, está claro, pero también somos distintas entre las mujeres. De todas formas, nos acercamos más que nos alejamos a pesar de que nuestra educación familiar, escolar, social y política se ha empeñado en hacer y decirnos qué y para qué somos.¿Masculinidad? pssss prefiero pensar en la persona, de verdad, aunque haya momentos que caiga en los estereotipos como la que más y me ría o me enfade con ellos porque se confirman. Prefiero también centrarme en una, en preguntarme: y yo ¿quien soy realmente para mi? ¿me quiero? ¿me cuido? ¿me perdono? ¿me reanimo? Creo que muchas veces me complace arrastrar los estereotipos masculinos y femeninos como una pesada ancla para recrearme en lo que parece que es imposición exterior o incluso de la ‘ley natural’ y así, calmar ese miedo atroz a ser tú misma porque…¿Y si al soltar el ancla, va y ‘vuelo’?¿cuántas cosas estaría dispuesta a perder para ganar ¡quien sabe!? ¿Y si así no me quieren? Pero yo quiero que me quieran, claro… Para eso creo que no hace falta tanta racionalización de lo que somos, ni buscar tantos porqués. No sé. Quizás aceptar que lo que sentimos es bello o por lo menos es lo real y sincero, porque sale de mí y si me quiero, creo que hay bondad. No sé. Siempre tendré excusas – la cabecica es lista- que justifiquen mis acciones ‘no pensadas’ , ‘animales’… y más como dices tú, cuando me siento flojica, pero no dejan de ser mías… Si deseo, deseo. No lucho para que se me borre de la cabeza. Quizás, me centro en otras cosas, sublimo a tope, pero el deseo está ahí, para otro día…No le quiero dar más vueltas pero sí que me planteo -para llevarlo a la realidad o no- en las consecuencias, si soy capaz de asumirlas … Bueno, Miguel, si te sirve la parrafadica, bien. Un abrazo.¡Estamos vivos!

      miguelblazquezrovirosa escribió:
      25 noviembre, 2013 en 08:55

      Gracias Mamen!
      Sí, yo también veo que finalmente es necesaria una aceptación de ciertas cosas de uno o una misma.
      El problema está cuando sabes que hay cosas que haces que hieren a otras personas o incluso te hieren a ti. Y son algunas de las que menciono en el blog: ¿cómo os sentís las mujeres cuando comprobáis que vuestra pareja tiene su radar activado y no está 100% contigo, aunque sepas que su amor por ti es sólido? No creo que sea agradable.
      Y es cuando estos comportamientos, sean clichés o no, salen automáticamente, sin conocer causa, cuando yo me hago estas preguntas. Para comprenderlos y poder llegar, bien a cambiarlos o a aceptarlos.

      Y dejarnos llevar por estereotipos, recrearnos, aferrarnos al suelo… son mecanismos para que nuestra mente mantenga su sensación de control y a veces, la cordura. Pero poco a poco, a medida que se gana consciencia, es más fácil ir soltando, porque ves los resultados y ya no quieres volver atrás.

      Un abrazo!

    Mamen escribió:
    25 noviembre, 2013 en 19:13

    A ver…duele instintivamente por miedo a perder al otro y hace tambalear la confianza en nosotras mismas pero también nosotras miramos… Quizás más en silencio, discretamente, pero vemos pareja potenciales en algunas relaciones que tenemos y tendremos. Eso no podemos evitarlo ¡somos millones de personas y muchas majas! Lo que sí podemos evitar es en no ‘flirtear’ demasiado…Principalmente por ti que vives en una fantasía que satisface no sé qué ego infantil, También está tu pareja con la que no estás siendo sincero pero también está la ‘otra’ persona a la puedes esperanzar. Ahí es donde realmente deberíamos preocuparnos y ocuparnos del asunto pero porque tu pareja mire a otras personas, no… Mientras tengamos ojos, sensibilidad y nos relacionemos con los demás creo que es normal mirar. Si se sufre por ello, habría que trabajar el autoestima de cada uno, creo…Un abrazo, Miguel.

      Markus escribió:
      29 noviembre, 2013 en 14:57

      Mamen dice: “Mientras tengamos ojos, sensibilidad y nos relacionemos con los demás creo que es normal mirar. Si se sufre por ello, habría que trabajar el autoestima de cada uno, creo…”. Estoy totalmente de acuerdo, opino como ella que es sano y natural sentir un pinchazo de atracción cuando nos encontramos con alguien afín a nuestro ideal erótico/sentimental/personal. Esa sensación no es una traición a nuestra pareja, es sólo un recordatorio de lo que nos gusta, el día que no seamos capaces de ver en los demás lo que nos gusta seguramente tampoco podremos verlo en nuestra pareja, porque nos habremos reprimido y mutilado emocionalmente. Recomiendo leer lo que Jung decía sobre las catastróficas consecuencias de reprimir a la Sombra en vez de integrarla. Saludos!

        miguelblazquezrovirosa escribió:
        29 noviembre, 2013 en 17:05

        En respuesta a estos dos últimos comentarios y a la conversación de la inauguración:
        De acuerdo, tenemos ojos, observamos la belleza y nuestra mente registra cosas que nos gustan de otras personas. Esto puede ser físico, emocional o estar en relación con la personalidad y los gustos. Y sí, haciendo caso al señor Jung y a tantos otros, reprimir esto o negarlo puede tener malas consecuencias para nuestra salud mental.
        Pero yo reincido, a ver si a base de insistir me entiendo mejor con lo que digo: ¿por qué motivo nuestro subconsciente busca otras parejas cuando ya tenemos una?
        No es lo mismo admirar o apreciar cosas que nos gustan en otras personas que sentir por ello que queremos tener relaciones de pareja con ellas.
        Tal vez sea por cubrir necesidades. En ese caso, a medida que crecemos como personas, a parte de la necesidad de estar en contacto social con otros, podemos tener cubiertas la necesidades. Cuando maduramos, conseguimos una independencia emocional y afectiva en relación a nuestras carencias y heridas vitales.
        De esa forma, somos más invulnerables a los enganches inconscientes o no elegidos, sobre todo cuando ya tenemos pareja.

        Entonces, ¿es que tengo necesidades no cubiertas o algún otro motor desconocido que se empeña en mantener despierto ese radar?

        Gracias por mantener vivo este hilo con vuestros comentarios. Sigo indagando…

    Markus escribió:
    29 noviembre, 2013 en 20:39

    Ok, entonces estamos de acuerdo en que el radar de gente-que-nos-gusta no es malo.

    Creo entender que tu inquietud la causa una sensación más intensa y recurrente que te lleva a buscar parejas potenciales. Si me sucediera algo así mi primer pensamiento sería “Algo no va bien en mi relación.” Cuando uno busca algo fuera de la relación es que no lo encuentra dentro, la mente entra en “modo huida” y una huida fácil es una irse con una tercera persona. Ahora bien hay que analizar qué es ese algo que sientes que no marcha bien, algunos posibles escenarios que se me ocurren:

    a) TU PAREJA ESTÁ METIENDO LA PATA: Tu pareja está siendo negligente en alguna faceta de la relación y eso te hiere. Deberías hablar para determinar si esa conducta es consciente, qué la origina y por último, qué vais a hacer al respecto para solucionarlo.

    b) TU PERCEPCIÓN SE HA OSCURECIDO: En realidad a la relación no le pasa nada en concreto , sino que el prisma con el que la juzgas ha cambiado, haciéndose más exigente y negativo, en ese caso deberías reflexionar sobre qué ha causado ese cambio de percepción.

    c) LA JAULA DE ORO: La relación sufre bajo el peso de un montón de normas y dogmas, paradójicamente creadas por el bien de la relación, pero que encorsetan cada vez más vuestras emociones. “Hacer X está mal. Decir X está mal. Pensar X está mal. Sentir X está mal…” es la Jaula de Oro, un microcosmos lleno de normas bienintencionadas pero tan abundantes y rigurosas que te asfixian. Tu subconsciente se rebela y trata de escapar (yéndose con otra persona por ejemplo), pero comete el error de identificar Pareja=Jaula, en realidad tu problema no es “quién es tu pareja” sino “cómo os estáis relacionando”.

    Espero arrojar alguna luz sobre tus dilemas amigo Mike!

      miguelblazquezrovirosa escribió:
      1 diciembre, 2013 en 12:41

      Interesante análisis y tres puntos de contacto con el tema que lo abarcan desde, creo, todos los ángulos posibles. Le daré vueltas al respecto. Gracias por el aporte!

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