Asignar un líder y seguirlo a ciegas. Sobre la Autoridad. Parte I

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Hay una pauta en nuestra educación que marca de forma relevante nuestro comportamiento en sociedad y nuestra forma de crear muchas relaciones, sobre todo en el trabajo. Y es nuestra tendencia a asignar una posición de autoridad a otras personas hasta tal punto que dejamos de lado nuestra capacidad de decisión y de análisis y seguimos sus indicaciones como si no existiera otra opción.
La sociedad y su estructura jerárquica y alienante se ha encargado, principalmente a través del sistema educativo y de los mensajes de los medios de comunicación de masas, de restringir al máximo nuestra posibilidad de desobediencia. Y lo ha hecho atacando la raíz: desarmándonos de nuestro sentido crítico y confianza en nuestras propias ideas y percepciones.
¿Cómo exactamente? Seguro que tienes algunas ideas al respecto. Aquí he tratado de resumir algunas teorías  (Parte I) y recopilar una filmografía documental que se centra en analizar cómo nos relacionamos con la autoridad (Parte II).

el gran dictador

Sobre el concepto de autoridad

Para empezar, considero buena idea aclarar el término del que hablamos. En concreto, el concepto de autoridad está cargado de juicios de valor, tanto positivos como negativos.

Por un lado, se refiere a la potestad o facultad de gobernar y dirigir a otras personas, que son las que obedecen. Esto implica una situación de poder vertical, en la que hay alguien por encima y normalmente muchos por debajo. Esa potestad ha podido ser asignada más o menos libremente por los otros o también haber sido tomada mediante el uso de la fuerza. En cualquiera de los casos existe dominio, se espera obediencia y pueden crearse métodos para mantener el estatus y controlar a las personas subordinadas mediante represión o castigo. El sentido de crear esta figura se dice que es el de establecer un orden que proteja al grupo del caos absoluto.

Y la otra cara de la autoridad se refiere a la confianza que se deposita en una persona, seguida normalmente de cierta obediencia o falta de cuestionamiento, a causa del prestigio ganado por ésta por su calidad o competencia demostrada en cierto campo.

La posición de autoridad está vinculada a un grupo de personas o comunidad, aunque finalmente recaiga sobre alguien en concreto. Más que con el individuo, tiene que ver con la relación entre los componentes del grupo y con la forma de gobierno y funcionamiento de éste. De manera que cuando la persona al mando deja ese puesto, éste será automáticamente ocupado por otra.

Así mismo, puede haber grados escalonados de autoridad, mezclados en jerarquías diversas. Todas ellas basadas siempre en la relación de dominación y obediencia.

Para conocer los orígenes creo que hace falta un estudio demasiado profundo para el espacio que pretendo ocupar aquí y además se escapa de mis conocimientos y posibilidad de estudio ahora mismo. Así que podéis buscar por ahí. En la wikipedia dicen que Max Weber y Alexandre Kojève han escrito bastante al respecto…

Me veo tentado de hacer una clasificación de tipos de autoridad, a pesar de la manía que le he cogido en la universidad a leer interminables clasificaciones distintas de un mismo concepto que variaban según la subjetividad del autor. Así que simplemente voy a apuntar algunas líneas por si ayudan a aclarar el concepto o para su uso más abajo.

En un principio, se podrían diferenciar dos tipos de autoridad, en base a las dos vertientes de la definición. La primera sería la autoridad formal y la segunda, la moral.

La autoridad formal es la que se impone por obligación y se ejerce sobre otras personas subordinadas. La autoridad moral es la que se impone por convencimiento en cuanto al prestigio del líder (personal) o a sus habilidades demostradas (técnica).

A su vez, ambos tipos de autoridad pueden separarse en lineal, si se ejercen sobre una persona, o funcional, si es sobre un grupo. La lineal se extiende muchas veces a lo largo de una jerarquía escalonada y hacia abajo en lo que se denomina cadena de mando.

Por otro lado, está la autoridad operativa, que se ejerce en actos y no en personas. Es la facultad para tomar ciertas decisiones que pueden afectar a todo el grupo.

Herramientas para perpetuar el sistema autoritario

Desde el primer momento de vida, a pesar de saber que el bebé necesita de cuidados, cariño, contacto y atención, esta sociedad desatiende de forma extendida lo que la pequeña criatura demanda. El hábito de dejarla llorar para amoldarla a las necesidades de las personas adultas crea, según diversos estudiosi, traumas e inseguridades que marcarán una desconfianza de base en la vida de esa persona, ya que así sentirá que no tiene posibilidad alguna de influir sobre el entorno para obtener lo que necesita (alimento y contacto físico) cuando lo necesita. Las primeras personas con las que se relaciona no están ahí en todo momento para cubrir la alimentación emocional. ¿Cómo confiar entonces en el resto del mundo?

iTernura y agresividad, Albert, Juan José. Resumen en pdf: El carácter, las etapas de su formación, Marín Rubio, José Vicente

Costumbres como ésta se extienden a lo largo de la infancia llenando de frustración y violentando a niños y niñas. Se les prohíben muchas cosas, no sólo por ser peligrosas para ellos, sino también porque no les convienen a los adultos. Se anula su posibilidad de elección y de análisis sobre su propia vida, para ganar tiempo en la rutina estresante de la sociedad actual y porque se les sitúa automáticamente en una posición inferior, desestimando su capacidad de autonomía y su propio valor como personas. Se les castiga cuando no hacen lo que deben, aumentando la sensación por condicionamiento operante de que la falta de obediencia les provocará daño, físico o psicoemocional.

El régimen autoritario es lo que muchas personas hemos aprendido como la única forma viable de organización

Podemos pensar que su falta de experiencia les puede llevar a situaciones de peligrosas algunas veces, pero darles la capacidad de expresar sus ideas y de debatirlas de forma asamblearia con las personas adultas con quienes comparten su vida, creará una base de confianza y de responsabilidad que les ayudará más adelante. Comprenderán mejor el motivo por el que no pueden hacer ciertas cosas, se sentirán valorados, escuchados y no dejarán de pensar, de analizar y de buscar lo que quieren. Y asumirán cada vez más responsabilidad en su vida, empoderándose de ésta.

Existe una teoría que contradice esta indefensión o temeridad de los niños y que apoya una crianza bien distinta a la que ofrece nuestra cultura occidental. Se trata del concepto del continuum, de Jean Liedloff. No quiero extenderme más aquí, así que te dejo un resumen por si te interesa. El libro no es difícil de encontrar en muchas librerías.

Es cierto que el régimen autoritario es lo que muchas personas hemos aprendido como la única forma viable de organización. De este modo podemos encontrarnos con que intuimos que algo no va bien, pero no disponemos de alternativas. Sin embargo, ahora se van acumulando muchas ideas sobre cómo educar, infinidad de libros y experiencias. Te remito a que eches un vistazo a la web de ser padres sin castigar, por ejemplo (en la parte inferior tiene los capítulos traducidos al español).

Entre todas estas cosas, existe además otro factor importante para lograr la subordinación: la indefensión aprendida. Por innumerables comparaciones, una visión pesimista del mundo y de la gente, y la negación de ciertas percepciones y facultades que todas las personas tenemos que van más allá de los cinco sentidos (aunque se manifiesten de forma más fuerte sólo en unas pocas) integramos una visión propia atrofiada y negativa.

Esta visión de nuestra persona, tan reducida, crea unas bajas expectativas de lo que podemos hacer, y merma nuestra capacidad de decisión

La autoestima que se nos induce a tener, de una forma global, es muy pobre, ya que no se nos valora en un principio por el hecho de ser personas. Si el ser humano es malo por naturaleza, por ejemplo, fundamento básico para justificar el sistema autoritario, todos somos malos desde un principio. Parece lógico contenernos, corregirnos, anular el componente maligno y reaccionario que puede haber en nuestro interior. Sólo adquiriremos valor cuando demostremos lo que podemos hacer en base a lo que se nos exige, siendo obedientes.

Pero, ¿y si por naturaleza somos, como mínimo, neutros? Ante esta neutralidad, una sociedad que influencie a cada individuo de manera positiva logrará un gran cambio. Aunque en realidad pienso que la cosa va más allá y que nuestro equipaje inicial contiene tanta riqueza y posibilidades que decir que por naturaleza somos neutros sigue siendo muy pesimista.

Retomando el término de indefensión aprendida, esta visión de nuestra persona, tan reducida, crea unas bajas expectativas de lo que podemos hacer, y merma nuestra capacidad de decisión. Y nuestra mente sigue el sendero que hayamos creado para ella. Si pensamos que el camino que vamos a seguir no llega muy lejos, esa será con mucha probabilidad nuestra experiencia. Crearemos límites sin darnos cuenta y perderemos movilidad, quedándonos en la situación más cómoda posible en cuanto a lidiar con dificultades y caminar hacia adelante, en un crecimiento personal. Y aunque nuestros sueños y esperanzas se hayan visto truncados por permanecer en esta zona de confort, haremos oídos sordos a los avisos de nuestra percepción y nuestro cuerpo, que se irán potenciando hasta la probable somatización de este malestar en diversas enfermedades.

Uno de los vídeos de la siguiente entrada consiste en la explicación de la indefensión aprendida y en una sencilla comprobación de cómo funciona.

another brick in the wall

La escuela y el sistema educativo, sin duda refuerzan este condicionamiento e imponen el sistema autoritario. Su propio funcionamiento implica una jerarquía de este tipo, ya que los maestros deben obedecer las órdenes y seguir las pautas de una cadena de mando que termina, en el caso de nuestro país, en el Ministerio de educación. La posibilidad de elección y libertad de cátedra están truncadas en aras de una obligada uniformalización del nivel educativo ante la gran diversidad de alumnado, para que éste alcance unos mínimos. Cosa que por otro lado, está comprobado que no se consigue. Y el resultado empeora si tenemos en cuenta la falta de garantía para insertarse en el mercado laboral a pesar de pasar largos años en esta primitiva rueda educativa. Y me parece primitiva, entre otras cosas, precisamente por enmarcar el objetivo de crear personas aptas para el mercado laboral actual. Ojalá se marcase como objetivo ayudar a las personas a hacerse conscientes de sus emociones, autosuficientes en el aprendizaje, creativas, críticas, capaces de sacar provecho de su mente, responsables…

Y qué decir de todos esos pequeños aspectos que parecen haber sido copiados del sistema penitenciario en las escuelas actuales: patios de grava cercados por grandes vejas cerradas, horarios estrictos, alarmas y sirenas estridentes, cámaras de vigilancia, espacios separados para profesores y alumnos, cadenas de mando verticales y estrictas, castigos, la entrada progresiva del mundo empresarial y el flujo monetario… Uy, que me desvío demasiado.

La escuela es a día de hoy, un lugar lleno de frustración, tanto para el profesorado como para el alumnado y sus familias. Todos ellos tienen objetivos diferentes y se les demanda algo que en realidad choca frontalmente con lo que quieren hacer. Profesores obligados a enseñar ciertos contenidos en tiempo y forma limitados, alumnos obligados a memorizar datos que poco tienen que ver con su vida y lo que quieren entender de ella, familias con que desean que sus chicas y chicos aprendan cosas que les gusten y les ayuden en el futuro a vivir como quieran…

Falta comunicación y libertad. Y con ello, falta responsabilidad. La capacidad para responder al compromiso personal de lo que se hace, dice o piensa ha sido robada en el momento en que se ha eliminado la libertad para elegir.

O tal vez sea al revés y la falta de asignación de responsabilidades ha acabado creando dependencia y desconfianza en las propias capacidades de decisión, con lo que se ha suprimido la libertad de una forma indirecta.

La escuela es a día de hoy, un lugar lleno de frustración, tanto para el profesorado como para el alumnado y sus familias

Ambas estrategias, emparentadas entre sí, la de paternalismo que reduce la responsabilidad, y la de autoritarismo que reduce la posibilidad de elección, van unidas y crean personas obedientes y adaptativas, pero también dependientes, egoístas e inseguras. Y en consecuencia frustradas al haber sido despojadas, más que de un derecho, de la necesidad vital de libertad. La frustración finalmente conduce a una reacción muy común: la violencia, que expresa como puede el desacuerdo con esta represión cuando se carece de mejores herramientas mentales y emocionales. Algunas personas lo expresarán hacia afuera y otras hacia sí mismas, teniendo ambas formas consecuencias fatales.

Es decir, que el resultado del sistema educativo autoritario son personas con limitada capacidad de decisión, sin libertad para tomar las riendas de su propia vida, desacostumbradas a ser responsables, que además no tienen confianza en sí mismas para serlo y que han acumulado buenas dosis de frustración. Y por ende, que tienden a reaccionar violentamente cuando esa frustración les hiere lo suficiente emocionalmente (llegando a veces a traumas y psicopatologías graves) y no disponen de herramientas de auto-regulación y auto-conocimiento para sanar.

Lo cual vierte en la sociedad más violencia y genera más miedo, ingredientes perfectos para aumentar los niveles de represión y castigo y los sistemas de seguridad. Y para cocinar, en definitiva un amargo pastel de totalitarismo y fascismo.

¿Qué podemos cambiar en nuestro espacio laboral?

Hay formas de organización que no dependen de las decisiones de una persona que dirige desde arriba. Asociaciones y empresas cooperativas toman sus decisiones de forma asamblearia. Y no me refiero a sistemas de votaciones sino a verdadero consenso. Claro, esto supone un trabajo personal y grupal que hay que desarrollar. El consenso requiere que cada cual esté de acuerdo con la decisión que todo un equipo tomará y eso, en la práctica, supone ciertas dificultades y requiere tiempo para asimilarse, debido a que venimos de una forma de relación muy diferente.

Veo importante añadir que buscar el consenso también ofrece la posibilidad de que entre todas las personas, se cree una nueva idea, mejor que cada una de las individuales y que podrá ser aceptada más que satisfactoriamente.

Podemos buscar que nuestro ambiente de trabajo sea ese y descubrir un nuevo mundo de relaciones y experiencias, ya sea entrando en un lugar que ya posea ese funcionamiento o creando uno nuevo por nuestros propios medios. Esto contribuirá a modificar poco a poco la forma en la que nos relacionamos, no sólo laboralmente, ya que el ejemplo podrá ser extrapolable al exterior y desbancar con sólidas pruebas y testimonios la mentalidad autoritaria.

Mientras tanto, iremos recorriendo numerosos entornos en los que nos encontraremos con personas que nos tratarán verticalmente. Marcarán su posición, ya sea por su conocimiento sobre la materia, por miedo a perder el control de la situación o simplemente por costumbre. O porque están insertas en una institución que las obliga a seguir esa pauta.

Yo me doy cuenta de que en esos casos, siento el impulso de reaccionar, de cuestionar o como mínimo, que termino haciendo lo que se me pide sin gusto ni disfrute, y no necesariamente porque me parezca pesada o penosa.

Es algo en lo que debo indagar personalmente. Puede tener que ver con que me veo en la posición de hacer una tarea concreta sin poder opinar si quiero hacerla o prefiero hacer otra, o si tengo espacio para decidir conjuntamente en cómo quiero hacerla. ¿Qué te ocurre a ti y qué piensas sobre ello?

Sobre estas introspecciones podremos, mientras no encontremos otra salida, afrontar mejor nuestra posición dentro de jerarquías y trato vertical, comprender su funcionamiento, construir su cuestionamiento y encontrar, por oposición o comparación, otras vías.

Otras veces nos veremos nosotros o nosotras mismas en ese puesto de autoridad. Si nos acordamos y preferimos dejar de lado esta forma de relación de dominación y obediencia, será bueno que nos revisemos frecuentemente y busquemos alternativas, contando con la experiencia de personas que lo hagan de otra manera. También podrá funcionar ponernos en la posición contraria y preguntarnos qué nos gustaría poder hacer y cómo nos sentiríamos mejor en la relación con quien se supone que debe dirigir o coordinar cierto trabajo.

Esta entrada continúa en la Parte II.

Como complemente, dejo aquí algunos enlaces a webs sobre educación y crianza:

Colectivo Paideia

Ser padres sin castigar

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